domingo, 9 de julio de 2017

38


A los cinco quería tener diez; a los diez quería tener quince; a los quince quería tener dieciocho; a los dieciocho quería tener veintitrés; a los veintitrés quería tener veinticinco; A LOS VEINTICINCO QUERÍA TENER VEINTICINCO; a los veintiocho quería tener veinticinco; a los treinta y cinco quería tener veintiocho; a los treinta y ocho quiero tener veintiocho. 

Revertir el tiempo es la única utopía que existe, la vida se encarga de recordárnoslo en cada momento. En cambio, dedicar menos tiempo al trabajo y más a lo que te haga sentir realizado, lograr que lo que te haga sentir realizado sea tu propio trabajo, conseguir que tus acciones impacten lo menos negativamente posible en las personas de tu alrededor y en el medioambiente, necesitar cada vez menos cosas, dejarle a las generaciones futuras un planeta al menos en el mismo estado de conservación que el que nos  dejaron a nosotros, alcanzar de ese modo un mundo más justo, con menos diferencias entre personas y países, no es utopía, es simplemente cuestión de decisiones individuales. Los treinta y ocho años, esos que ya no quiero tener, me lo han susurrado al oído.